El Contrato de Ulises es una decisión voluntaria en la que nos ponemos restricciones y obstáculos para no caer en tentaciones que nos impiden cumplir una meta, llevar a cabo un trabajo o eliminar un mal hábito.
Se remonta a la leyenda de Ulises, el héroe de la Odisea, que pidió a su tripulación que lo ataran al mástil de su propio barco y se pusieran cera en los oídos para no escuchar sus súplicas u órdenes de ser liberado.
La idea era no escuchar el canto de las sirenas. Este era tan dulce que atraía a todos los humanos sin remedio, pero al acercarse demasiado todos morían. A pesar de saberlo, el canto era tan atrayente que no podía resistirse. Ulises trataba desesperadamente de liberarse al escuchar ese canto y les ordenaba que lo soltaran, pero no lo escuchaban.
Ulises también hubiera podido ponerse cera en los oídos al pasar por el territorio de las sirenas, pero era tan curioso y, como había escuchado el peligro de ese canto, decidió entonces hacerse amarrar para no acercarse a ese lugar ni dar la orden de hacerlo.
Hoy en día se aplica el ejemplo de esa leyenda a la psicología y finanzas, para mejorar la disciplina y no dejarse llevar por tentaciones y distracciones que dificultan el progreso.
Consiste en ponernos obstáculos para no caer en ellas, similar a cuando Ulises estaba atado en el mástil. Por ejemplo, cerrar con llave el cajón de las galletas y pedirle a alguien que la esconda, no tener a la mano la tarjeta de crédito sino en un lugar inaccesible, poner la alarma lejos de la cama para verse obligado a levantarse, bloquear aplicaciones que distraen cuando se tiene que trabajar en metas importantes o desinstalarlas, hacer un compromiso con otras personas para verse obligado a cumplir, dejar algo en el casillero del gimnasio para verse obligado a volver y aprovechar para hacer algo de ejercicio, poner un mal sabor en las uñas para evitar el hábito de morderlas…
Pero, tal como sucedió con Ulises, estos remedios pueden crear ansiedad, como privarse de redes sociales si se es adicto a ellas. El Contrato de Ulises protege la acción, pero no las emociones. Sin embargo, poco a poco la incomodidad se va haciendo menos y se anticipa.
En este caso lo que ayuda es pensar en el beneficio, lo que se gana o se protege, o distraerse con otras canciones (por ejemplo, en lugar de un chocolate escuchar tu favorito o en lugar de entrar a Tiktok salir a dar una vuelta). Eso satisface en el cerebro la necesidad de recompensa.
Llevar a cabo el Contrato de Ulises, aunque ha demostrado efectividad, también ha recibido críticas, tanto de psicólogos como de pensadores.
Es una manera de autocastigo por un beneficio a largo plazo, sin que en el presente exista alguna compensación (ya que el Contrato original de Ulises no las incluye), o de negar en uno mismo la capacidad de tomar con libertad buenas decisiones. Negar la madurez a la que se desea llegar.
Está claro que cuando algo es adictivo es necesario tener un control, pero puede ser más efectivo hacer una reducción gradual de lo que no es bueno hacer a dejar de hacerlo de golpe.
El Contrato de Ulises puede funcionar bien en algunos casos, pero hay diversos estudios que demuestran que el cambio difícilmente se sostiene a largo plazo. No es imposible, pero es difícil. Para ello, la reducción gradual de malos hábitos y las recompensas funcionan mejor, en lo cual coinciden muchos psicólogos, y eso sí provoca un cambio permanente.
La fuerza de voluntad, pensando en un buen motivo, también puede llevar al cambio. Supe de una persona que, para dejar de fumar, se retaba a sí misma poniendo a la vista una cajetilla de cigarros. Nada le impedía tomarla, pero había hecho un compromiso con su persona y su salud. Este método no funcionaría con toda la gente, para ello sería necesario un deseo real de dejar de fumar (o de cualquier otro mal hábito) y no solamente pensando que se tiene que hacer. Un “debo dejarlo pero en realidad quisiera continuar haciendo”. Ese es el problema.
Otra persona que conocí simplemente decidió dejar el cigarro pensando en sus hijas. Fue de un día para otro en que lo decidió y jamás volvió a fumar, aún llevando más de 20 años haciéndolo. No fue gradual y no se recompensó de otra manera, lo hizo por ellas. Esas son decisiones firmes, aunque no comunes.
En conclusión, el Contrato de Ulises tiene su utilidad y es buena idea considerarlo. También los cambios graduales y recompensarse en el proceso, lo que asienta una base más firme. Pero nada es mejor que tener un motivo poderoso para dejar una mala costumbre; y realmente desearlo, porque a veces sabemos por qué deberíamos dejar de hacer algo, pero por naturaleza el cerebro se inclina más por gratificaciones instantáneas que por recompensas a largo plazo.
Cuando haga falta átate al mástil, pero trata de desarrollar el gusto por lo que te hace bien y tener motivos que te convenzan más allá del deber.

